martes, 23 de marzo de 2021

                                                      AZUFRE Y SAL

Cuento basado en la estación CAIPE

Un estridente silbido de la locomotora, quiebra el profundo silencio de la estacion Caipe, esto hace que Justino salte de su cama de la humilde casa ubicada muy cerca de las vías del ramal C-14.

Como todas las mañanas, Justino sueña con dos cosas: ir al colegio y conocer al mar, pero por ahora se conforma con observar el extenso salar de Arizaro y en su imaginación, ve supuestos barcos que navegan esa inmensidad de sal, pero solo son espejismo, fruto de sus íntimos anhelos de conocer el océano.


                                       Estación Caipe (Salta) - ramal C-14 FC Belgrano

Justino es el quinto hijo de la familia Mamaní, compuesta por su papá Lisandro, su madre Teodora y sus hermanos mayores, Tomás, Valerio, Fermín y Modesto. Su padre es obrero del ferrocarril y sus dos hermanos mayores trabajan en las cuadrillas de Vías y obra; Fermín ha viajado a la ciudad de Salta y vive con sus abuelos, mientras que Modesto vive con su padrino en Mina La Casualidad, a unos 70 kilómetros de la estación Caipe.

Un vez Justino, fue a visitar a su hermano viajando junto a su tío Anastasio, que trabaja en la mina, en un viejo camión Chevrolet de los años 60. Mientras viajaban a la mina, su tío le contó que la misma llamada originariamente "Julia", explotaba desde 1940 el cerro "Estrella", extrayendo mineral de azufre y que la empresa se llamaba Compañía Azufrera Argentina S.A. y que en 1952 pasó a ser propiedad de Fabricaciones Militares.

Ya en el campamento de la mina, conoció por primera vez un cine, pudo ir a la iglesia, jugar al futbol y ver también por primera vez un partido de básquet, pero lo que más le impactó fue el hermoso colegio secundario que tenía la localidad.

Ese lugar tomó su primera decisión, que era cumplir con uno de sus sueños, ir a un  colegio ya que en la estación Caipe no había una escuela porque vivían pocas familias con hijos pequeños y aquellos que querían ir a la escuela, lo tenían que hacer en la escuela más cercana que era en Tolar Grande a 90 km de distancia y solo podían trasladarse en tren una vez a la semana y allí quedarse en la albergue "Manulea Martinez del Tineo".

              
                           La capilla y la policía abandonados y al fondo el salar de Arizaro

Fue así que Justino al terminar su escuela primaria, fue al colegio en Mina La Casualidad y terminó su secundario en 1979, año en que cerró la Mina y los últimos pobladores la abandonaron, éxodo que se había iniciado dos años antes, cuando se anunció su cierre.

Justino, regresó entonces a Caipe y lo aprendido no lo podía aplicar en su lugar de nacimiento, tampoco quería trabajar como obrero en el ferrocarril, ni en la extracción de sal, sino que deseaba cumpli con su segundo sueño: conocer el mar.


                                   Parte del pequeño pueblo donde vivió Justino

Por ello, en una tarde de febrero de 1981 dejó su casa, viajó a Salta y de allí a Buenos Aires para incorporarse a la Marina de Guerra, dado que los conocimientos adquiridos en el colegio de Mina La Casualidad, pudo aprobar los exámenes de ingreso a la institución naval de nuestro país.

A medida que se alejaba de su Salta querida en el Tren Cinta de Plata junto a los aspirantes a la escuela Mecánica de la Armada, iba pensando en ese mar que tanto soñó de pequeño observando los salares y que nunca lo había visto en forma personal, sin saber que no solo se dirigía al mar, sino también a su eterna morada, porque fue uno de los tantos héroes que a bordo del Crucero Ara General Belgrano, terminó su vida, ya que el 2 de mayo de 1982, se hundió en las frías aguas del océano Atlántico Sur, durante la Guerra de Malvinas.

NOTA: Este cuento me fue inspirado por la película argentina "La deuda interna" de 1988 interpretada por Juan Jose Camero y que se desarrollo en las Salinas Grandes (Jujuy).

Publicado en mi libro "Historia sobre rieles" del 2018.



 



lunes, 22 de marzo de 2021

                      LA CAPSULA DEL TIEMPO 

Un cuento de Ciencia Ficción

Mizi B-2, una cyborg de la colonia L55 del exo planeta Vulcan 505 del Cinturón de Orión, contempla los preparativos de la super nave, que la llevará al planeta de sus antepasados, porque ha ganado un premio por su trabajo sobre "La historia del Sistema Solar", en la cátedra del Instituto de Astrofísica e Historia Espacial en el siglo XXXIV.

Mizi, que tiene un cerebro positrónico, junto a sus partes biológicas y que fue concebida en el Centro Universal de Genética, donde se guardan congelados y en suspensión, los genes de aquellos humanos, que llegaron hace mucho tiempo, colonizando este Sistema en el siglo XXV y por eso las numerosas colonias en planetas ocupados tienen algún número 5.

Gracias a las exploraciones realizadas con naves sin tripulación, llegaron muchos años antes a la desolada Tierra, que alguna vez fue la bella azulada del Sistema Solar, pero que a comienzo del siglo XXIII, empezó a "secarse" por la actividad solar, hasta que llegó el momento que toda el agua del planeta se evaporó, la vida tal como se la conocía desapareció, convirtiéndose en un planeta desierto y muerto, como había sido alguna vez el planeta Marte.

Mizi a través de sus investigaciones, descubrió que sus antiguos antepasados vivieron en el siglo XXI, en un porción que se conocía como Sudamérica, utilizando las poderosas computadoras descubre un nombre: CAÑADA DE LUQUE.


                     Estación Cañada de Luque - Linea A FC Belgrano - año 2009

Su curiosidad la llevó a profundizar su estudio y ganar este premio; ahora con las prevenciones y adelantos para sobrevivir en un "planeta muerto", se prepara para conocer no solo la tierra, sino también ese lugar con un nombre que no tiene números como se acostumbró a ver en su actual entorno.

La travesía va a durar aproximadamente dos años terrestre, viajando a la velocidad de la luz. En ese tiempo Mizi trata de ahondar más sobre la vida terrestre del siglo XXI, en una Enciclopedia rescatada de esa época llamada Wikipedia, descubriendo que existía un servicio de transporte llamado "ferrocarril" y que en el sitio a visitar, tenia una estación, pero que es muy distintas a la estaciones o puertos espaciales que conoce y los medios de transportes que se realizan a través de túneles de luz y de desintegración de moléculas, para trasladarse de una colonia a otra.

El capitán de la nave Vulcana, anuncia que han ingresado en el espacio del sistema Solar y una seguidilla de planetas van desfilando en las retinas y ojos electrónicos de Miza, que tienen las facultades de analizar colores, distancias y formas, que los seres humanos no poseían esa capacidad.

DE pronto aparece un planeta totalmente de color ceniza (ya que desparecieron los mares y con ello el color azul de la tierra de antaño), cuya superficie es barrida por inmensas nubes de polvo, de torbellinos y de ráfagas de arena y tierra en suspensión,  que la hacen muy poco atractiva.

Se ven profundos abismos con conos de lavas emergiendo en medio de tremendas humaredas negras, son los antiguos cauces oceánicos, ahora sin vida con todas clases de restos naturales y artificiales.

La nave ha disminuido su velocidad y comienza a planear buscando la superficie de la tierra, la antigua atmosfera ha desaparecido, hay partes en penumbras ya que el viejo sol ha envejecido y se ha convertido en una estrella roja que escasamente alumbra; pero los tremendos faros de luz intensamente azul rasgan las penumbras permitiendo observar, lo que los antiguos habitantes de la tierra han dejado en su éxodo a las estrellas ya hace varios siglos.

La nave lleva muchos pasajeros que como Mizi quieren conocer el lugar de sus ancestros; la computadora de a bordo anuncia que están aterrizando en una ciudad llamada Moscú, luego seguirán otras ciudades, que solo son un montón de escombros, sin ninguna clase de vida orgánica, así surgen los nombres de Roma, Parias, Madrid, Londres y otras ciudades que no vale la pena mencionarla acá.

La nave seguirá viaje al que fuera el continente americano, dejará a visitantes (que luego serán recogidos) en lugares que antiguamente fueron los Estados Unidos, México y más al sur Brasil y Argentina.

Solo Mizi ha elegido un lugar casi inexistente en el centro de lo que alguna vez la república Argentina. Como el tapiz vegetal ha desaparecido, puede observar lo que alguna vez fueron las llamadas carreteras, donde se distingue un montón de hieros y materiales en descomposición de los que fueron los vehículos terrestre que surcaban los caminos.

Sobre el tablero de comando de su pequeña cápsula que la dejará en la superficie y que cuenta con todos los elementos para sobrevivir los días que pasará en ella, de repente se prende una brillante luz roja que dice CAÑADA DE LUQUE. Con su comando de voz, le solicita a la computadora de la pequeña nave la palabra "estación ferroviaria", por lo que esta se posará en unos minutos en un espacio abierto cerca de unos restos de construcciones de cemento y otros materiales desconocidos para Mizi, porque en su mundo, no se conocen los términos ventanas, puertas, techos, etc., mas aún que estos han desaparecidos por la acción eólica a través de los años.


                                 La estación Cañada de Luque (restaurada año 2013)

Ya en la superficie, con su traje preparado para poder sobrevivir en este mudo sin atmosfera, recorre lo que alguna vez fue la estacion Cañada de Luque. En su cerebro positrónico, recopila los datos que sus ojos van registrando y busca algo que su intuición le dice que va a encontrar.

De repente, en medio de unos hierros retorcidos y corrompidos por el paso del tiempo, que por el análisis que realiza, descubre lo que fueron el medio por donde circulaban los llamados trenes y que los humanos denominaban vías férreas. Le llama la atención un especie de lápida con una inscripción casi borrada por el tiempo, en ella pudo leer en el antiguo modo de comunicación de sus antepasados llamada escritura y que según su traductor universal adosado a su sofisticado traje logra interpretar los siguiente "ARCON DE LOS RECUERDOS",  colocada en ese lugar en la fecha 30 de noviembre de 2011, calendario de la tierra.


                                                 Entre las vías "El arcón de los recuerdo"

 Tras la sorpresa y empleando sus poderosas herramientas de mano que lleva en la nave, desentierra una cápsula de un material que su analizador le indica que es un mineral llamado plomo en la tierra. Con su tenaza de gravitación logra levantar el objeto y llevarlo a la nave para que en un medio con atmosfera terrestre pudiera abrirla y ver su interior. 

Vuelve nuevamente al lugar del pozo y también traslada la lápida para poder estudiarle más y recién ahora puede descubrir otras inscripciones casi borradas por el tiempo y logra descifrar esta inscripción. 

CENTENARIO DE CAÑADA DE LUQUE

1911 - 30 de Setiembre - 2011

En este sitio se guardan los deseos, esperanzas y mensajes a la posteridad que dejan los habitantes, vecinos y amigos del pueblo Cañada de Luque.

Será abierto en el año 2061

Víctor Eduardo Molina - Intendente Municipal

Absorta en el cofre que ha logrado abrir y que nunca sabrá porque no se desenterrado en la fecha que decía, tal vez fue el destino marcó, que ella una lejana descendiente del pueblo de Cañada de Luque, que lo abriera el 30 de Setiembre del año 3311 del calendario terrestre.

NOTA. Cuento de mi libro "Historia sobre rieles"

Inspirado en esa capsula colocada en la estacion de Cañada de Luque en el 2011 cuando se recicló la estación y que las autoridades municipales colocaron quizás siguiendo el ejemplo de la película "Presagio" interpretada por Nicolas Cage.



domingo, 21 de marzo de 2021

                          LA TRAGEDIA DE ESTECO

Historia

Carlos, Roberto y Martín, son tres amigos que los une una pasión, la pesca en el río Juramento, los dos primeros viven a una cuadra de la estación Metán, mientras que Martín reside en un barrio alejado del centro de la ciudad, pero se conocen de la escuela primaria Guillermo Sierra, ubicada sobre Ruta Nacional 34 que cruza la ciudad de sur a norte.

Los tres amigos han planeado para el primer fin de semana del mes de julio, ir a pescar al río Juramento, a un lugar cercano a la estación del mismo nombre, ya que Carlos conoce un pozo, donde según él es "fabuloso"; y como se criaron prácticamente en la gran playa de maniobras de la estación Metán, conocen al personal ferroviario y los movimientos de trenes, pero además como lo hicieron en varias oportunidades "se van a colar" en un tren carguero, que lo llevarán hasta el río que corre a unos 40 kilómetros de sus hogares.

                  

                                                         Playa de la estacion Metán

A pesar de estar en pleno invierno, el fin de semana se presentaba soleado y con el tiempo agradable. En la estacion Esteco, también se preparaban para recibirlo.

Doña Angela Liebano, esposa del jefe de estación don Felipe Ramón Brazanovich, había planeado hacer unas ricas empanadas en el horno de barro, que los muchachos de Vía y obras habían colaborado en su construcción, donde la señora cocinaba chanchos, cabritos, pan casero, bollos, las propias empanadas y otras exquisiteces.


                                         La estacion Esteco antes de la tragedia

Viernes a la tarde, los tres amigos, estaban con sus cañas de pesca y demás vituallas, en la estación donde el guarda Salvatierra, le había comunicado que a las tres de la tarde, pasaría por la estación un carguero rumbo a Guemes y que les haría un lugarcito en el vagón de cola y con su complicidad haría que el tren parara en momento en estación Juramento y que de allí podrían seguir a pie hasta el río.

Cerca de los seis de la tarde, ya casi poniéndose el sol y tras cruzar la pequeña estación de Schneidewin, la de Río Piedras y Lumbreras respectivamente, la formación ferroviaria, hace una parada en Juramento, los tres amigos se apean del tren y por un sendero del monte se encaminan hacia el río.

Ubicación de la estacion Juramento y del río

Don Felipe recibe una llamada por el telégrafo, que una formación petrolera proveniente de Caimancito, llegará el día domingo en horas de la mañana y que pernoctará ese día en la estación Esteco, para seguir viaje el día lunes a primera hora.

Martín, no podía creer la cantidades de pejerreyes que han picado esa noche de viernes, mientras que Carlos y Roberto, se han ocupado del campamento y se preparan a cocinar algunas de las presas capturadas (como no tienen lo necesario para conservar los peces deberán consumirlos en el lugar) y también algunos para pagar "el peaje" del tren, ya que el guarda amigo, les pasó el dato, que lo esperaría en la estación entre las 18,30 y 19,30 del día domingo, con un tren que venía del norte.

El sábado 4 de julio, el cielo sigue despejado, a pesar de que la noche es muy fría y más a la orilla de un río, los jóvenes se preparan a pasar otro hermoso día de pesca, esa tarde tienen la visita de otros pescadores, que van remontando el río desde el puente carretero, compartiendo con ellos un momento de camaradería, comprometiéndose a volver a encontrarse en otra oportunidad en el mismo lugar.

Otra tarde tranquila en la estación Esteco, un tren rumbo a Barranquillas (Chaco) cruza raudamente la estación, mientras que doña Angela, ceba unos mates a su esposo y a una vista que ha llegado de una finca cercana, comentando que va a ser un domingo a pleno sol y que la semana entrante van a recibir la visita de su hijo Daniel, que se encuentra en el sur del país.

Como se suponía, el domingo fue otro día de sol, como nos tiene acostumbrado el clima, con los benignos inviernos en la provincia de Salta. El río ha bajado su caudal, por los varios meses sin lluvias y en los meandros que se han formado, han quedado apresados numerosos peces, pero nuestros amigos ya tienen suficiente, maldiciendo no poder llevarse todos.

En horas de la mañana arriba a la estacion Esteco, la formación petrolera conducida por el maquinista Jesús Walter Avila, acompañado por sus colaboradores Yanes y Santana, y en ese mediodía del domingo en medio de anécdotas y cuentos, los muchachos se deleitan con las sabrosas empanadas de doña Angela y como no tienen que tomar servicio hasta el otro día. son regadas con un generoso y robusto vino tinto salteño, además de un cabrito que también fue cocinado en el horno de barro, acompañado con ensaladas de verduras que son cultivadas en una huerta a pocos metros de la estación.

La formación petrolera esta estacionada en la vía principal, ya que ese domingo no hay ningún tráfico de trenes, por lo que no es necesario colocarlo en la vía secundaria. Esto sería el principio de una serie de eventos que culminarían en un tremendo accidente en las primeras horas de la noche de ese domingo 5 de julio de 1975.


                         Llegando a estacion Esteco (ya no existen las vías secundarias)

Los amigos pescadores después de almorzar y con el sol alto que calienta sus cuerpos después de una gélida noche, levantan el campamento para retornar a la estación Juramento con tiempo suficiente para no perder el tren, el mismo llegará cerca de la siete de la tarde, en este caso se trataba de un tren con vagones petroleros que provenía de los Yacimientos de Campo Duran en el norte de la provincia con destino al puerto de Rosario de Santa Fe, y en el vagón de cola venía su amigo Salvatierra.

En la estacion de Esteco, la señora Angela, como lo hacía cotidianamente atiende todos los quehaceres de la casa y en esta oportunidad lava la ropa de ella y de su marido en una pileta de cemento ubicada detrás del edificio de la estación, mientras que su esposo y sus invitados recorren los alrededores en una hermosa tarde de domingo.

Los pescadores mientras tanto abordan el tren, dejando parte de la pesca al encargado de la estación Juramento, como parte de pago del "boleto" a Metán. Salvatierra en su cómodo vagón de cola, mientras sirve mate, los muchachos le narran las jornadas de pesca, pero esos días casi sin dormir, hacen que el bamboleo del tren y el acompasado sonido de las ruedas sobre los rieles, los hace caer en un sopor, que pasará luego a un sueño profundo.

La formación llega a Metán, Salvatierra decide dejarlos dormir hasta que el tren realice una serie de maniobras de enganche y acoplamientos. Acá es donde comienza la "tragedia" , porque aún sin que se sepa hasta hoy el motivo, los siete vagones petroleros más el vagón de cola se desenganchan de la locomotora y empiezan a retroceder por una leve pendiente cruzando el río de Las Conchas y tomando el empalme del ramal C-12.


                                          Viaducto sobre antigua ruta 16 

Los vagones sin su locomotora empezaron a tomar una gran velocidad hacia la estación Esteco ubicada a solo 15 kilómetros de distancia sobre la antigua ruta nacional 16. Esto despertó a los pescadores que no pudieron bajar ya del tren, mientras que el Jefe de la estación Metán mandaba a través del telégrafo, la advertencia que despejaran la vía principal, pero el aviso llegó demasiado tarde.

Y ocurrió lo inevitable, las dos formaciones petroleras chocaron con tal violencia, produciéndose una terrible explosión que fue escuchada a muchos kilómetros de distancia y las llamas alcanzando hata unos 200 metros de altura.

Don Felipe que se hallaba a cierta distancia de la estación cuando se produjo el impacto, quiso correr hasta la estación pensando en su esposa, pero Ávila se lo impidió salvándose al arrojarse a una corriente de agua cercana, mientras que doña Angela queriéndose protegerse de la explosión se refugio bajo la pileta de lavar donde fue encontrada más tarde sin vida.

Los tres conductores, incluyendo a Jesús Ávila fallecieron, como asi también el guarda Roldán que se encontraba en la estación. También falleciendo los pescadores como su amigo Salvatierra.


                     
                                        La estacion Esteco nunca fue reconstruida

Otra vez la palabra ESTECO era sinónimo de tragedia, aún hoy en día, después de más de 40 años se percibe los signos de aquel trágico domingo de julio de 1975.

NOTA: Salvo los tres pescadores que son de mi imaginación, las demas personas mencionadas son verídicas.

Del libro "Historia sobre rieles" del 2019 de mi autoría.




sábado, 20 de marzo de 2021

                         MILAGRO DE NAVIDAD

Vivencias

Año 2009, fecha en que me nació mi vocación por los trenes y fecha en que comencé a elaborar mi primer libro "Mis trenes, crónicas de viajes y un poco de historia" , dicho libro lo publiqué dos años después. 

La necesidad de recrear ese libro, es lo que me llevó a recorrer las estaciones ferroviarias de la Argentina. Primero fueron las cercanas a la ciudad de Salta, más tarde los distintos ramales provinciales, luego las estaciones de Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco y Córdoba.

En uno de mis numerosos viajes por el norte cordobés, más precisamente por la ruta nacional 60, llegue a SAN JOSE DE LAS SALINAS.

                                

                                    Estación San Jose de las Salinas - Linea principal CC

En la estación de este pequeño poblado al borde de las Salinas Grandes, con un poco más de 700 habitantes, que viven casi exclusivamente de la extracción de sal, me tocó vivir un hecho milagroso, que significó, que en una Noche de Navidad salvara mi vida dos veces.

San José de las Salinas, no ha cambiado casi nada en más de 40 años, de aquella noche de Navidad, que el Señor Dios me dejó en esta tierra y que hoy lo puedo contar.

El 22 de diciembre del año 1972, junto a mi amigo y compadre Enrique Jimenez, partíamos hacia Lincoln (provincia de Buenos Aires) en mi pequeño año Fiat 600, para pasar Nochebuena con Raquel Lupino, que por entonces era mi novia.

El itinerario de casi 1.300 kilómetros fue el mismo que otras veces, salir después de almuerzo,  hace una parada en San Miguel de Tucuman y otra en las Termas de Rio Hondo, dormir a la vera del camino en las salinas (Santiago del Estero), desayunar en Córdoba, y llegar a Villa Maria siempre por ruta nacional 9, desde allí por ruta provincial 4 hasta Laboulaye para empalmar con ruta nacional 7 hasta Vedia y desde alli por un camino vecinal llegar a destino.

Nochebuena de brindis en casa de Raquel y calculando llegar el día 26 a nuestros trabajos es que partimos a eso de las 4 de la madrugada, todavía noche fresca y oscura que cubrimos los primeros kilómetros sin que nadie se nos cruzara en el camino, solo nosotros dos escuchando radio Rivadavia que era una de las más potentes por ese entonces y que pasaba muy buena música de aquéllos años setenta en Onda larga, ya que por ese entonces no existían las FM.

Empezó a amanecer sobre ruta nacional 7, cae una tenue llovizna y el sueño comienza a vencerme, decido parar en la banquina hasta que amanezca del todo, pero Enrique me convence seguir viaje pero con él al volante. La ruta mojada y el sueño de mi amigo que lo traicionó hizo que volcáramos, dando varias vueltas hasta quedar en la banquina con el auto dado vuelta, sin que ninguna sufriera lesión alguna.

El regreso fue toda una odisea, sin parabrisa y vidrios laterales rotos, con la puerta atada con alambre recorrimos los muchos kilómetros de la provincia de Córdoba, solo haciendo un alto en la localidad de Dean Funes para cenar.

Habia decidido regresar por la ruta nacional 60 recordando mis viajes a Buenos Aires en tren en el recordado "Cinta de Plata".

Se vino la noche, bajó la temperatura, saliendo de Dan Funes, pasamos Quilino decidiendo pasar la noche en el próximo pueblito, así fue llegue por primera vez a San José de las Salinas.

Ingresamos por un camino de tierra (hoy esta pavimentado) unos dos kilómetros, divisamos unas luces tenues y amarillentas, atraídos por la luz como insectos nocturnos nos acercamos a las inmediaciones de la estación ferroviaria.



                                Anden y playa de maniobras de la estacion San José

Sería por el cansancio, las tensiones vividas, el susto de la mañana, que mis recuerdos desde ese momento en adelante se me hacen borrosos. Debo haber estacionado en la extensa playa de maniobras de la estacion a unos cien metros del andén, observando como la luz del auto el brillo de unos rieles, supongo la segunda o tercera vía; el sueño nos venció, y es acá donde se produjo el milagro. Durante el sueño en una noche estrellada, pero sin luna, siento pasar un tren y luego no sé porque (no fui ni soy sonámbulo) arranco el auto y ...

Un estrepitoso barullo nos despierta, unas dos gallinas y un gallo se introdujeron al auto y nos sobresaltamos, para ver una hermosa mañana radiante de sol y con la sorpresa que no estábamos donde había estacionado en la noche, sino que las vías que estaban adelante del auto ahora estaban atrás y por suerte no sobre las vías.

El Niño Jesús nos había regalado un verdadero MILAGRO DE NAVIDAD.

DEL LIBRO DE MI AUTORIA: Historia sobre rieles. Edición 2018.





viernes, 19 de marzo de 2021

 TITO, el muchacho de Saujil

Cuento

Es muy temprano, el sol lucha por salir tras las sierras del Ambato, las campanas de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, llaman a la primera misa del día, el tranquilo y pintoresco pueblito de Saujil se va despertando tras una noche muy fría, como todas noches de aquel mes de octubre de 1950.


                                           Parroquia Ntra Sra de la Candelaria

- Arriba chango, se siente una cálida voz en un ranchito en las afueras del pueblo; una precaria construcción de adobe y techo de paja, construida hace ya un tiempo largo por don Jorge Acuña, que dejó este mundo un día fatal de una tormentosa tarde de verano, alcanzado por un rayo, mientras recorría los campos bajando desde El Potrero, tras buscar unas cabritas que se habían perdido en las serranías. 

Si bien el ranchito era muy pobre, no lo era el jardín que lo rodeaba, con árboles frutales y por esa época los durazneros cubiertos de flores, que presagiaban una fructífera cosecha. Unos hermosos sauces llorones brindaban una sombra maravillosa en las calurosas tardes que pronto llegarían. 

Doña Julia, además de ser una madre cariñosa, era una hábil jardinera, pues el ranchito estaba prácticamente envuelto en colores y fragancias, provenientes de las numerosas plantas que cultivaba con sus callosas manos, que antes supieron acariciar a su hombre, hasta que este partiría de este mundo, además a su único hijo Tito, que fue la razón de su vida al quedar viuda, criándolo con esmero desde que era un crío y quién no dejaba de preguntar cuando volvería su tata.

- Arriba chango, se volvió a escuchar a la misma voz, ya está el mate cocido servido, dijo la mamá, a quién Tito amaba con toda su alma y que como buen hijo no quería hacerla renegar.

- Debes apurarte, porque pronto llegará el tren, dijo doña Julia, en efecto en la cercana estacion de SAUJIL, arribaba todas las mañanas desde la estacion de Mazán, tren que circulaba hasta la estacion de Andalgalá, el cual regresaba en horas de la tarde, así Tito recorría los casi dos kilómetros desde su rancho hasta la estación, para vender los productos que la tierra les brindaba y que era el principal sustento de su pequeña familia.

Una vez que el tren se detenía, Tito empezaba a vocear los productos que tenía en su canasto de mimbre y que los pasajeros compraban, pero no solo vendía sus cositas y recogía las pocas monedas que le dejaban algunos compradores, sino lo que le fascinaba era ver pasar ese tren de solo tres vagones tirados por una ruidosa máquina de vapor , aún que más le gustaba ver era los trenes de cargas con vagones fruteros de color blanco, pensando que alguna vez sería ferroviario.



                            Estación Saujil tras el cierre del ramal A-4 del FC Belgrano

Y así transcurría la vida del pequeño Tito, que fue dejando de a poco su niñez, para ser un atractivo joven, que hacía suspirar alguna de las chinitas compañeras de la escuela primaria o aquellas que en días de fiesta solían frecuentar, además de cuidar a su madre, que fue perdiendo fuerzas y salud, hasta que un día no despertó más y se fue a reunir con su amado Jorge.

Tito se quedó solo y ya por esos tiempos corría la voz que el ramal se iba a cerrar y 'el no sabría que hacer "sin sus queridos trenes". La tierra le había brindado su sustento, pero sus seres queridos ya no estaban allí, era momento de emigrar y si fuera posible donde los trenes seguirían corriendo, por eso es que un día llego a Tucumán.


                                           La ex estacion Saujil (Catamarca) año 2013

Tito solo había cursado la primaria, pero se sentía fuerte para trabajar en lo que sea y si era cerca de una estación ferroviaria mejor. Buscó un lugar donde vivir con el dinero que pudo reunir cuando liquidó sus posesiones a un vecino de Saujil. 

Tras el duro trabajo en el Mercado de Abasto de la ciudad de San Miguel de Tucumán, se dirigía a la estacion del bajo del Ferrocarril Belgrano, donde casa mañana pasaba rumbo a la estacion Retiro el llamado "Tren Cinta de Plata", además de la circulación de los trenes de cargas sobre todo los trenes cañeros.

                                           Frente de la estacion TUCUMAN N (año 2014)

Un día fue observado por un hombre de edad, que resultó ser un ferroviario jubilado, que como él, sentía la necesidad de ver diariamente los trenes. Y acá cambió su vida, ya que el destino le tenía preparado otro futuro. El "viejo" ferroviario le anotició que en los talleres ferroviarios de Tafí Viejo, estaban tomando operarios a prueba; hacía allí partió Tito, con la esperanza de cumplir son su sueño de la niñez.

Por su capacidad de trabajo y su predisposición a cualquier puesto, pronto fue admitido en los talleres y destinado a la carpintería, donde por ese tiempo se reparaban y construían, tanto vagones de pasajeros como de cargas, y así tuvo la oportunidad de no solo viajar en trenes, sino también de repararlos, desde ese momento fue "Tito el de Saujil", para todos sus compañeros y amigos.


                                        Los talleres de Tafi Viejo en la época de Tito

Al principio tomaba todos los días "El tren de los obreros" que lo llevaba y traía desde San Miguel de Tucumán a Tafí Viejo, hasta que decidió que debía vivir más cercano a su trabajo. Fue entonces que consiguió una pensión en la calle Congreso, a solo una cuadra de los talleres, además comía en un bodegón en la esquina de su casa.

Una tarde libre, decidió conocer más la ciudad de Tafí Viejo, recorriendo la avenida Leandro N. Alem, la parroquia de la Inmaculada Concepción, la plaza Mitre y en aquella tarde de verano conoció a quién sería su esposa y madre de sus dos hijos.

Una primera cita, un romance de pocos meses y ya Tito era un cariñoso esposo y también muy querido entre sus compañeros de trabajo. Pronto se mudaron a la calle Buenos Aires, siempre cercana a los talleres, donde alquilaron una casita, ya que Tito era un hombre trabajador, sino que sabía ahorrar, lo que le permitió tener su primer hogar. Llegaron asi los dos hijos del matrimonio, primero fue Julia Mabel, en homenaje a sus abuelas y un año después "un futuro ferroviario", Jorge Enrique también como sus abuelos.

Corrían tiempos difíciles en el país, ese invierno de 1974, fallecía el presidente Perón, en los talleres habían disminuido mucho los trabajos y se sucedían los despidos. Tito desde hacía unos meses era el delegado de su sector en la fabrica, aunque él no militaba en el peronismo, pero por sus cualidades y buena persona fue elegido por sus compañeros.


                              Sector de carpintería año 2012 (totalmente abandonado)

Lo que caracterizaba a los talleres era la estridente sirena, que convocaba a los trabajadores a sus labores. Ese fatídico día de abril de 1976, sonó como todas las mañana la sirena, Tito tras besar a su esposa y a sus pequeños hijos marchó a su trabajo. Esa tarde sonó la sirena de finalización de las labores, Alicia, que era el nombre de la esposa de Tito, empezaba a preparar la cena, pasaron los minutos y luego las horas y su esposo no regresaba a casa. La mujer pasó casi la noche en vela, pensando que estaría haciendo horas extras, ya regresaría a la mañana, pensó, pero esta llegó y Tito seguía sin aparecer. Decidió entonces llegarse hasta los talleres a ver que pasó con su esposo, allí le comentaron que en la tarde anterior se había retirado con unos hombres de trajes que lo fueron a buscar.

Alicia, entonces recorrió todos los lugares donde pudo haber sido llevado, pero a Tito se lo había tragado la tierra, luego sería un desparecido más de la dictadura que se cernía sobre el país. Alicia desapareció de Tafí Viejo y nunca más de supo de ella y sus hijos.

NOTA: Si bien este es un cuento de mi imaginación, es en homenaje a los desaparecidos en 1976 de los talleres de Tafí Viejo, que me fue inspirado cuando conocí las placas de los obreros que fueron victimas durante la última dictadura.

DEL LIBRO: "Historia sobre rieles" de mi autoría publicado en el año 2018 



  

domingo, 7 de marzo de 2021

RELATOS - CUENTOS Y VIVENCIAS

 YUCHAN


                                              Fecha: 25 de Mayo del 2009


Yuchan: estación ferroviaria del ramal C-18 del FC Belgrano (provincia de Salta)

Cuento.

Me llamo Juan Narciso Cruz, pero desde chico me apodaron "chuequito", por mis piernas delgadas y curvadas. Viví en mi niñez en el pueblito de Yuchán, quizás muchos ni siquiera habían oído hablar de este en el Chaco salteño, sobre la ruta provincial 5 entre el río San Francisco y la estación Esteban de Urizar, es allí donde se levanta un caserío alrededor de la estación ferroviaria de Yuchán y que forma parte del ramal C-18 del FC Belgrano.

En aquella época de mi niñez, la zona estaba cubierta por el monte muy tupido donde abundaban los árboles conocidos como "palo borracho" y sus numerosos nombres como Torobochi, Algodonero, Palo botella, Palo barrigudo, Samohu, Ñandubay o Yuchán, de esta última terminología el FC Central Norte Argentino bautizó la estación ferroviaria que dió lugar a este pequeño asentamiento urbano allá por 1937.

Ahora vivo en la ciudad de Salta, trabajo en la administración pública y nunca regrese a Yuchán porque mi familia ya no vive allá, pero siempre estoy volviendo imaginariamente a aquellos hermosos tiempos de mi niñez, junto a la pandilla, donde yo era el jefe.

La mañana pasa lentamente, hay poco trabajo por ser época de vacaciones, me levanto, enchufo la cafetera para hacerme un cafecito, regreso a mi escritorio, miro los papeles que debo estudiar y contestar, mientras mordisqueo la lapicera birome, mi mente vuela en el tiempo hacia Yuchán.

" Una tarde de verano, había citado en las cercanías del andén de la estación a mis amigos para realizar una peligrosa misión en el bosque cercano. A la mañana siguiente allí estaban "el porra" Luisito que lo llamaban así por usar el pelo largo; "el ñato" Tomasito Mamani, que tenía una nariz muy pequeña y la carita redonda con muchas pecas, "el gordo" Miguel que solo pensaba en comer y la "Colo", la única mujer del grupo que la llamaban así por ser pelirroja.

Por esa época yo tenía 11 años y Luisito era el más pequeño, creo que rondaba los 9 añitos, formábamos un hermoso grupo de amigos, además de ser los únicos chicos de esa edad en la localidad y dos concurríamos a una escuela primaria casi a la salida del pueblo muy cerca de la ruta (en ese tiempo sin pavimentar).

Llegó el sábado, temprano me apersoné en la estación que estaba a menos de una cuadra de mi casa y allí esperaría a mis amigos para la peligrosa misión que realizaríamos. Mientras juntaba una piedritas en medio de las vías, para mi gomera, llegaba un tren de pasajeros proveniente de Pichanal del cuál se bajaron don Abraham y su hijo mayor, cargados de bultos. El turco, como se lo conocía, tenía el único almacén que había en el pueblo, donde se vendía todo lo que necesitaba la gente para su sencilla vida, allí encontrábamos también nosotros los útiles para la escuela y por supuesto las golosinas que eran las más caras delicias, sobre todo para el gordo Miguel.


                                             La escuela primaria de Yuchán

El primero en llegar fue el Ñato, con sus pantalones cortos de un color azul descolorido y una remera amarilla con rayas negras y sus zapatillas "flecha", de un color barroso que alguna vez fueron blancas. Luego llegó Luisito, siempre con su cabello enmarañado, una remera roja y un pantalón un poco grande, porque decía que lo había heredado de su hermano mayor; la tercera fue Susanita, "La Colo"", con una tortilla en su mano derecha, del desayuno que había unos minutos atrás había disfrutado en su casita con un jarro hirviendo de mate cosido. Su vestido amarillo un poco más arriba de sus rodillas, que mostraba sus delgadas piernas con muestras de arañazos de los espinos y ramas por donde solíamos correr, calzaba unas sandalias de plástico de un rosa descolorido por el paso del tiempo, y por último llegó Miguel con una serie de justificaciones por su llegada tarde. El gordo solía usar unos pantalones cortos con elástico de color verde oliva y que su madre les había agregado unos tiradores de tela para que no se les cayeran, una remera blanca muy corta que le dejaba al aire su ombligo y su pancita, calzaba unas alpargatas que su papá le había comprado en el almacén del turco Abraham.

Ya reunida la tropa pasé a detallarle el plan que tenía en mi mente de niño, lo había titulado "Operación Suri"; el mismo consistía en robar un gran huevo de Suri de un nido, que en mis correrías por el monte había descubierto hacía unos días. Para aquellos que no sepan que es un Suri, es una gran ave corredora emparentada con la familia de los ñandúes y que abundan en la región chaqueña y cuyos huevos son de un tamaño de una pelota de vóley.

Comunicada la misión, partimos caminando por las vías rumbo norte o sea hacia el río San Francisco, la "tropa" iba armada hasta los dientes con hondas (gomeras), palos y piedritas redonditas que abultaban todos los bolsillos. La "Colo" llevaba en una de sus manos, una larga varilla cortada por el camino mientras que en la otra mano iba terminando la tortilla que mordisqueaba distraídamente mientras miraba los numerosos pájaros asentados en los cables del telégrafo ubicados a un costado de las vías férreas y los grandes nidos de distintas aves construidos en los postes metálicos de dicho telégrafo.  

Caminamos un centenar de metros, has que encontramos un pequeño sendero que se adentraba en el bosque, el sol de la mañana empezaba a calentar y con las sombras de los árboles hacían un extraño paisaje de luces y sombras.

Ciento de sonidos nos invadían, grillos, ranas, pájaros y otros ruidos, nos hacían avanzar en forma sigilosa, como una patrulla militar en medio de una selva llena de enemigos. El gordo Matías se paró en un tunal y pretendió sacar una fruta (tuna) que se encontraba madura, pese a que sabía que estaba llena de janas (diminutas espinitas), así todo la tomó y después en el camino se fue quejando de los pinchacitos.

El sendero era tortuoso y lleno de plantas espinosas y de ramas que nos arañaban las piernas y los brazos desnudos, pero los soldados seguían firmemente al líder hasta completar la misión.

Fue así que en un pequeño claro bajo un gran lapacho estaba el nido custodiado por un Suri macho. Sin hacer ruido, junté a la tropa y trazamos un plan de apoderamiento. Mientras "la Colo" y el gordo trataban de ahuyentarlo del nido al Suri haciendo todas clases de ruidos y parsimonia, el Ñato, Luis y yo nos acercamos detrás del árbol para tomar un huevo del nido.

El plan se cumplió a la perfección y logramos robar el ansiado huevo y comenzamos el retroceso que se convertiría en una desesperada carrera cuando se hizo presente la hembra reclamando su huevo. Llegamos a las vías del tren y comenzamos a correr rápidamente y sobre todo yo que llevaba el huevo, sería por el nerviosismo o el miedo que me produjo la persecución, que el huevo se me escabulló de mis manos cayendo en medio de las vías, rompiéndose en un durmiente que sobresalía y que fue donde me tropecé cayendo de rodillas, para levantarme sin recuperar el huevo y seguir corriendo más aún cuando sentí el silbato de un tren que venía en el mismo sentido que corríamos, el silbato se hizo más estridente y de pronto ese silbato me sonó muy cerca, era la cafetera que había enchufado minutos antes y que me hizo regresar a la actualidad.



                                                      Estación Yuchán año 2016

De mi libro. Historia Sobre Rieles, Editado en Salta en el 2018.



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