sábado, 22 de mayo de 2021

ALPATACAL, UNA IRONÍA DEL DESTINO 

Cuento basado en la tragedia ferroviaria en Alpatacal (San Luis)

En una señorial casa del barrio Lastarría, al sur del río Mapocho, en la ciudad de Santiago de Chile, todo es alegría, porque en el seno de la familia Ramos Mejía, ha llegado el primogénito en la madrugada de aquel mes de abril de 1905, ha nacido Francisco Agustín y como su padre, su abuelo y otros antepasados su destino está fijado, será entonces otro militar de carrera.

En otro lugar, más precisamente en el barrio de Barracas de la ciudad de Buenos Aires, en una humilde vivienda de la calle Lavarden, ha nacido Maurice Forest Quintanilla, hijo de un marinero francés y de María Quintanilla oriunda del sur chileno, pero que hace algunos años vive en la capital de la república Argentina; pero acá no hay alegría, más bien preocupación, porque el padre no ha regresado al puerto de Buenos Aires desde su último viaje y María inmersa en una situación de pobreza y precaria salud, piensa: - que será de su pequeño hijo, estará destinado a ser marinero como su padre o tal vez ferroviario, ya que cerca de su casa y a solo dos cuadras de ella en los terrenos colindantes se está construyendo la futura estación Buenos Aires del entones FC Provincial Buenos Aires y que será inaugurada cuando Maurice tenga seis añitos de vida.

Cumplido los primeros años de vida, Francisco Agustín, es educado en el colegio San Ignacio, uno de los más antiguo y prestigioso de la capital chilena, que pertenece a la Orden de los Jesuitas, que fuera fundado en 1856, y allí continuará sus estudios hasta terminar, primero la educación básica y luego la secundaria.

Maurice, no tendrá esa suerte, su padre no regresó y nunca más se supo de él; su madre ocupándose de los servicios domésticos, no pudo mandar a su niño a la escuela y éste se formará en la "escuela de la calle", en aquel Buenos Aires del Centenario de la Revolucion de Mayo.


 Mientras transcurre la adolescencia de ambos, las armas truenan en Europa y los países se desgarran en la Gran Guerra, que más adelante pasará a la historia como la Primera Guerra Mundial. Para Francisco estas noticias las conocerá porque son comentadas en el seno de su hogar, se hace costumbre que su padre y tíos, excepto su abuelo, que ha fallecido hace algunos años, como buenos militares que son, sigan atentamente la evolución de la guerra, aunque las noticias lleguen algo atrasadas a la capital chilena.

Para Maurice, su interés es otro, ahora huérfano tras la repentina muerte de su madre, ha sido recogido por una familia de origen italiano que le brinda techo, comida y también, algo que no tuvo (salvo de su madre) amor. Primeramente le ayudara al "tano" en la verdulería, pero luego buscará su propio horizonte, y lo encontrará en el Ferrocarril, que le da la oportunidad de ingresar como aspirante a maquinista en las hoy casi desaparecidas "vaporeras".

Llega el fina del secundario para Francisco y la Escuela Militar del Libertador Bernardo de O' Higgins le abre sus puertas, comenzará a sus 17 años la carrera militar, la cuál se le fue asignada por su familia antes de nacer. Maurice con un poco menos de 20 años empieza a trabajar como maquinista ayudante, primero el el ramal La Plata - Saladillo, luego Carlos Beguerie - Olavarría y por último en el ramal Avellaneda - La Plata, antes de incorporarse al FC Buenos Aires al Pacifico (quizás por ser de descendencia francesa).

Las armas se han silenciado en Europa, la Gran Guerra ha finalizado, las devastadas naciones europeas necesitan alimentos y allí está la Argentina, para brindarle su apoyo. Las redes ferroviarias necesitan expandirse, los granos de la tierra del interior del país, necesitan ser transportadas a los puertos, es un momento de gran prosperidad para el país y Maurice al incrementarse los trenes de cargas, ha recibido también por su esfuerzo, el título de maquinista en su nueva empresa y sus nuevos destinos está vez será la zona cuyana.

Va culminando en la Argentina, el gobierno radical de Marcelo T. de Alvear, las líneas férreas siguen creciendo en el país, los ferrocarriles británicos y franceses y algunos de capitales nacionales, se encuentran en la época de mayor esplendor, en el norte se ha comenzado la obra que unirá la provincia de Salta con el norte chileno (FC Huaytiquina, hoy ramal C-14); y en Mendoza en 1910 se había inaugurado el llamado "Ferrocarril Trasandino Los Andes-Mendoza". 

El destino iba lentamente acercando a Francisco con Maurice, aunque ellos no lo supieran.

Llega 1927, Francisco es ascendido al grado de teniente y ahora gracias a la influencia de su familia, es instructor en la Escuela Militar que lo formó. A mediado de junio de ese año, llega al despacho del director de la Institución, una invitación del gobierno argentino, para que una delegación de cadetes de la escuela, para concurrir a Buenos Aires y formar parte del desfile del 9 de julio, aniversario d nuestra independencia, juntamente con delegaciones de Uruguay, Paraguay y Brasil.

El día 5 de julio de ese año, dos compañías de cadetes al mando del Coronel José María Barceló Lira, partieron en micros hasta la localidad de Los Andes, cercana a San Felipe, punto terminal del FC Trasandino. El viaje hasta Mendoza fue sin novedad, siendo alojados y agasajados en el Regimiento 16 de Infantería; la primera compañía de cadetes estaba al mando del capitán Guillermo Aldana, y la segunda donde formaba parte Francisco, estaba al mando del capitán Guillermo Rosa.

Maurice había terminado su jornada en la estación Mendoza al conducir una formación desde Rufino y ese mismo día iba a tomar servicio en la estación Justo Daract ubicada en la provincia de San Luis, para volver a Mendoza al día siguiente.

Y llegó el fatídico día 7 de julio, cuando la formación comandada por Maurice Forest, al punto de partir de la estación Alpatacal, donde había hecho una parada el tren, chocó de frente con el tren de pasajeros que conducía a Buenos Aires a la delación chilena, descarrilando en el choque ambas formaciones.


                                                            La estacion en la actualidad

En medio de la fría y oscura noche de invierno, los gritos desgarradores de quienes quedaron aplastados y que luego murieron a causa de voraz incendio que consumió varios vagones de ambos trenes y en las tareas de salvataje en un momento dado Francisco y Maurice, trabajando codo a codo se conocieron fugazmente.

La crónica dice que fallecieron 12 cadetes y 31 resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, además de 16 empleados ferroviarios de ambos trenes, entre ellos uno de los maquinistas, dos inspectores, un foguista y algunos camareros.

A pesar de ello 120 sobrevivientes de ambas compañías desfilaron aquel 9 de julio de 1927 día de nuestra Independencia. En el lugar de la tragedia se colocó una estatua de bronce de casi 4 metros de altura denominada "El dolor ante la fatalidad", del escultor argentino Alberto Lagos y la estación pasó a denominarse desde ese momento CADETES DE CHILE.



            En la actualidad solo queda el pedestal tras el robo y destrucción de la estatua.

Pero que fue de nuestros personajes. Francisco Agustín regresó a Chile y siguió con su carrera y ya con el grado de Mayor en 1938, fue designado como agregado militar en la embajada chilena en Bélgica; y en 1941 como observador extranjero de la ocupación nazi de ese país, mientras visitaba la estacion ferroviaria en el barrio de Forest en la ciudad de Bruselas, pisó una mina falleciendo en el acto.

En 1948, durante la primera presidencia de Perón, fueron nacionalizados los ferrocarriles, Maurice fue pasado a retiro por las nuevas autoridades, y una tarde se arroyo al paso de un convoy ferroviario de la linea del FC Sarmiento en la estación Ramos Mejias.

El destino como una cruel ironía los unió en una tragedia y los relacionó en una triste muerte, donde sus apellidos se entrelazaron.

NOTA: Los personajes son ficticios, no así los nombre de los militares chilenos.

Este cuento forma parte del libro "Historia sobre Rieles" del cuál soy autor.  



lunes, 10 de mayo de 2021

REDIMIDO POR DIOS

Cuento (lugar Ramal C-14 estacion Ingeniero Maury) 

Dos de la madrugada, el cielo hasta ahora teñido de negro, se ilumina por miles de rayos, sobre la división serbia Drina, el sargento Andrej Vukovic, ordena a sus órdenes que permanezcan en sus trincheras. Se ha iniciado la gran ofensiva del Imperio Austro-húngaro en territorio de la antigua Yugoslavia. Frente a los serbios se encuentra la 42º división croata, que forma parte de las tropas de asalto a la ciudad de Zénica.  

Los serbios se retiran hacia el mar, buscando escapar de la mortal lluvia de acero que se ha desatado sobre ellos, si caen prisioneros, saben que la guerra terminará para ellos, más aún ya no esperan los anhelados refuerzos rusos prometido, por cuanto los alemanes han cortado las vías de comunicación hacia los Balcanes. Su meta es ahora es alcanzar el puerto de Split y de allí buscar la salvación en el mar Adriático y las costas italianas.

Andrej se ha forjado en un duro país, hombre sufrido por las dos guerras balcánicas contra los turcos y ahora en la Gran Guerra contra los odiados austríacos; vio morir a sus padres, hermanos y abuelos en su ciudad natal de Trbusnica ceca de Loznica, y se ha quedado solo en este mundo, con su odio y rencor que lo acompañaran hasta el día que vio a Jesús.

Han pasado algunos años, en febrero de 1921, aparece en un diario de la ciudad de Salta, un aviso que se necesita incorporar en forma urgente 400 operarios para iniciar los trabajos en la construcción del ferrocarril Huaytiquina.


                                    Campo Quijano (lugar donde se emplazo el obrador)

Andrej será uno de los 1000 trabajadores que, con 150 carretillas, 300 picos y 400 palas, aquel 10 de mayo de 1921, comenzarían los trabajos desde el campamento ubicado en la localidad de Campo Quijano, provincia de Salta.

Andrej ha cambiado el fusil por una pala, pero no su carácter y agresividad, a su llegada a la Argentina, ha sufrido humillaciones, penurias, hambre, por no conocer el idioma y las costumbres de nuestro país, pero su espíritu de supervivencia hizo que lo fuera superando.

No ha perdido tampoco su condición natural de mando, uno de los ingenieros colaboradores de Maury, lo pone al frente de una cuadrilla de obreros, que pala en manos irán abriendo la montaña, tramo a tramo para construir el ansiado camino de acero a Chile.

Su enorme figura, sus cabellos rubios ensortijados por el viento, la piel rosada, quemada por el sol, su cara redonda con unos ojos azules que parecen brillar como chispas de un bracero, sus grandes bigotes, lo hacen ser un hombre temido por los peones sumisos, la mayoría coyitas de la puna.

Los hombres los bautizaron "el diablo yugo" , un juego de palabras que lo representaba por su origen yugoslavo y su mal carácter, pero los ingenieros confiaban en él, porque mantenía con su cuadrilla bajo su mando, el ritmo que el ingeniero Maury, pretendía con su obra ferroviaria.

La obra se va encausando según lo planeado, se han superado los obstáculos en El Alisal y Chorrillos, con las ideas traídas por Maury en su experiencia europea sobre los famosos zig-zag cuyo sistema es ganar altura en poca distancia para evitar el uso de cremalleras en las formaciones ferroviarias.


Zig Zag número 1 en El Alisal


Zig zag número 2 en Chorrillos

Luego le siguieron los numerosos viaductos y túneles, hasta llegar a una zona más llanas en el centro de la quebrada del Toro. Y es así que la obras llegan a los terrenos del señor Damián Torino y su finca El Gólgota, estos dos nombres se usaran para designar la estación que allí se instalará, aunque finalmente la estación lleva hoy en día el nombre de INGENIERO MAURY.


Una noche de descanso alrededor de las fogatas, los peones comentaban el porqué del nombre de la finca El Gólgota, porque allí cercano al campamento se levanta un pequeño cerro similar al Gólgota Bíblico en la afueras de la ciudad de Jerusalén, donde murió crucificado Nuestro Señor Jesucristo, pero Vukovic, no cree en cuentos, relatos y menos religión, por eso se aparta del grupo, busca su carpa, para calentar sus entumecidos músculos tanto por el frio como por el cansancio.   

De repente siente una voz que le ordena continuar con el trabajo y que "el hombre" se apure antes de que caiga la noche, siente un gran griterío, como si todas cuadrillas estuvieran a su alrededor, mira su mano y no tiene un pico, sino un látigo, mira hacia sus pies y en vez de sus deshilachadas  alpargatas calza unas caligas * trenzadas, sus pantalones se convirtieron en unos faldones rojos con tiras de cuero y su boina gris en un casco con plumas.

* Caligas era el calzado que usaban los legionarios romanos de la época de Cristo.

Repentinamente observa que va subiendo una ladera, es el Gólgota, los hombres gritan, las mujeres lloran, vuela una piedra sobre un hombre casi desnudo que lleva en su espalda un enorme madero como una cruz. Andrej no entiende nada, pero sabe que debe castigar a ese hombre porque se ha tropezado y caído al suelo. Será cuando con su voz de trueno y rabia se acerca al caído y este al levantar la vista mirándolo con una profunda tristeza, pero llena de amor. Ve pasar por delante de sus ojos, su marga infancia, el asesinato de sus padres, la muerte de sus soldados, para luego explotar en una brillante luz y un poderoso trueno, es entonces que uno de sus hombres le dice: - capataz, el ingeniero ya hizo explotar la dinamita y hay que limpiar el terreno del cerro minado.

Andrej entonces abandonó el trabajo y sus pasos se pierden en el olvido, pero dicen los lugareños que todos los años, un hombre gringo sube el Gólgota pidiendo perdón y que una luz brillante y el retumbar de un lejano trueno suena en las cercanías de la estación Ingeniero Maury.




                                           Playa de la estacion Ingeniero Maury

Cuento del libro: HISTORIA SOBRE RIELES de mi autoría editado en abril del 2018.


                     




sábado, 8 de mayo de 2021

                        EL CHAGUANQUERO

Crónicas de viajes


Estación Salta, muy de mañana, Facundo y Tomás junto con mamá Maria, esperan la salida del tren de aquel día de verano de hace muchos años.

La formación esta detenida en el anden 3, formada por la locomotora Diesel, el vagón correo, seis coches de pasajeros, dos de categoría segunda y tres de primera (todos de color marrón); completando la formación, un coche comedor y el tradicional vagón de cola de color verde.

En el centro de cada coche, había un cartel de color blanco, algunos decía "Manuela Pedraza" y otros "Pocitos", ya que este tren llegaba hasta la localidad de Salvador Maza, cuya estación se denomina Pocitos y algunos quedaban en la ciudad de Tartagal t que por ese tiempo de denominaba Manuela Pedraza.

Tomás que era el más pequeño hacía su primer viaje, Facundo que tenía algunos años más, ya había viajado en otra oportunidad con su papá, por lo tanto, él iba a ser para su hermanito el guía de turismo.

Como en la mayoría de los casos, el hermano mayor era el ídolo del más pequeño por lo tanto le va a creer todo lo que le dice, aunque en algunos casos no sea cierto lo que le dice.

Ya acomodados en uno de los coches de primera, Tomás comienza con lo que va a ser la tema{tica del viaje, descubrir todo lo que para él es desconocido, como ser el tren, sus compartimentos, sus pasajeros y sobre todo las estaciones como así los paisajes que ira descubriendo.

La madre debe poner por lo pronto paños fríos ante tanta ansiedad, en el momento que, con un estridente silbato de la locomotora, la campana de la estación y un silbato del guarda, la formación con los chirridos característicos, se pone en marcha y para los chicos, rumbo a sus vacaciones, pero sobre todo para Tomás, la más importante aventura de sus pocos años de vida.

Como van sentado del lado derecho de la formación, comienzan a desfilar por sus ojos los barrios del norte de la ciudad, recostados sobre los cerros de Tres Cerritos, cruzando raudamente el apeadero Km 1129. 

Dejando la ciudad cruzan el rio Mojotoro y su gran puente ferroviario, es ahí que Facundo pone una cara de pícaro, porque sabe lo que va a pasar en unos minutos y de repente el luminoso día se transforma en una noche oscura, Tomás pega un grito sin saber que el tren ha ingresado al túnel del Mojotoro (único de este ramal) y que cruza las serranías del Gallinato, dejando el valle de Lerma e ingresando al de Sianca.


                                                       Túnel del Mojotoro (ramal C-13)

Por ahora los chicos están tranquilo, miran pasar algunas estaciones sin que ambos sepan sus nombres, tampoco su mamá, pero estas eran las estaciones de Mojotoro, Betania y El Bordo. En esta última les llama la atención la gran fabrica de cementos Minetti, que por esa época trabajaba a su máxima capacidad, arrojando las grandes columnas de humo blanco al cielo azul de aquel día de verano.

Y llegan a la primera parada, con el permiso de su mamá, bajan a la estación, están en la ciudad de General Guemes y ambos como chicos que son corren por el anden esquivando a los numerosos pasajeros que van subiendo al tren con todas clases de bultos que van acomodando en cualquier lugar, mientras a pesar de ser temprano, se siente el olor de las frituras y los vendedores que vocean todas clases de productos.

Después de un tiempo, suena la típica campana de la estación, y un guarda que dice "todos a bordo" mientras hace sonar su silbato que se opaca con el de la locomotora, los chicos corren a treparse a su vagón, ante la mirada preocupada de mamá.


                      Estación cabecera del ramal C-13 y empalme con la linea principal C

De ahora en adelante el tren se detendrá en todas estaciones, con un increíble movimiento de gentes, bultos y hasta pequeños animales de granja o mascotas que viajaban en el extinto "Chaguanquero".

En esos momentos, aparece el guarda con su característica tiquetera perforan los boletos que María se apresura a extender y además le pregunta si hará uso del coche comedor y como ella es muy precavida y sabiendo lo largo del viaje, había llevado una canasta con alimentos preparados (milanesas, huevos duros, un pollo hervido, pan, galletas y unas pequeñas botellas de gaseosa "Pastore"), por lo que le dice al guarda que no hará uso del comedor, además para ahorrar la poca plata que llevaba en el viaje.

Nuevamente, el guarda hace su aparición, de ahora en adelante irá anunciando las estaciones donde parara el convoy, Pampa Blanca, Maquinista Verón y Perico.




La mañana va pasando apaciblemente, ya en territorio jujeño, los niños empiezan su exploración, yendo de primera a segunda, esquivando viajeros y bultos, en horas de la tarde le esperan varias sorpresas.

Se anuncia pero en la estación Perico, el tren hará una larga parada, esperando al tren que viene de la Quebrada de Humahuaca y que se acoplará a su tren; así que aprovechan esta vez tomado de las manos de su madre para recorrer el frente de la estación, incluso cruzan la avenida Belgrano, miran un poco los comercios ubicados en sus alrededores y como todo chico se hacen comprar unas ricas empanadillas rellenas de dulce de cayote.

En la estación Perico nace el ramal C-15 y que comúnmente se lo conocía como el ramal jujeño y es acá donde el tren toma verdaderamente su apodo y cuando tanto Tomás y Facundo, indagan el porqué de ese nombre. Como María ha viajado varias veces en él, les explica a que se debe a que los indios (hoy diríamos aborígenes), se los denominaban despectivamente "chaguancos", sin distinguir las diversas etnias como los chané, chiriguanos, matacos, tobas, wichi, etc. todos habitantes de las provincias del norte argentino.

Dicha gente se trasladaban a lo largo del trayecto del tren, ocupándose como trabajadores "golondrinas" en las distintas cosechas, pero principalmente en la zafra (cosecha de la caña de azúcar), de cítricos como naranja y pomelos de Urundel, los tomates de Colonia Santa Rosa y otros.

Siguen desfilando por sus ojos las estaciones de San Juancito, La Mendieta y San Pedro de Jujuy, que a partir de allí tendrán un nuevo atractivo, que es la Ruta Nacional 34, que circula junto a las vías, pudiendo contar los escasos vehículos que recorren la polvorienta ruta (ya que por ese tiempo no había llegado el asfalto)



                                     Estaciones de La Mendieta y San Pedro de Jujuy

Nuevas paradas, nuevas estaciones y nuevos amigos, que se han unido al juego del tránsito entre vagón y vagón, ya que ahora lleva más coches provenientes del norte jujeño; en uno de ellos descubren a varias mujeres con amplios vestidos de colores, con el cabello trenzado y sombreros redondos y que hablan en un extraño lenguaje, corren a consultarle a mamá de este nuevo descubrimiento, Maria le explica que son "las cholas", estas mujeres en su mayoría son ciudadanas bolivianas y ese lenguaje extraño que hablan, se llama idioma quechua.

Se aproxima la hora de almorzar, pero por ahora nos le importa que el tren se detenga en distintas estaciones y que en todas ellas suban y bajen nuevos pasajeros con distintos bultos y hasta con pequeñas jaulas con pequeñas aves que su mamá le explican que son catitas.

Mientras comen el tren cruzó las estaciones de El Quemado, Chalicán y Fraile Pintado, y después que el tren da una amplia curva, comienzan un pequeño descenso a un amplio valle, rumbo a una gran columna de humo que se alza hacia el cielo y un extraño olor nunca percibido por los chicos, es el gran Ingenio Ledesma.



                                     Estaciones de El Quemado - Chalican y Fraile Pintado

Los chicos están fascinados con sus nuevos amigos y con la panza llena, detienen sus juegos por un rato, contemplando pasar y pasar filas y filas de cañas de azúcar y el gran río San Francisco saliendo de la localidad de Ledesma. Ahora el paisaje empieza a cambiar nuevamente, a lo lejos ven los cerros del parque Nacional Calilegua y también los grandes cultivos de cítricos con sus frutos anaranjados y amarillos, que contrastan con el verde de sus arboles.

La tarde transcurre plácidamente, los pequeños ventiladores del techo del vagón, no son suficiente para apaciguar el calor reinante. María hace una pequeña siesta, mientras que los chicos se adormecen en sus asientos, pero mirando con los ojos medio cerrados el paisaje que es novedoso; más estaciones desfilan por aquellas cabecitas curiosas: Calilegua, Caimancito, Yuto, Urundel, Saucelito, hasta que el guarda anuncia una parada de media hora en la estación Pichanal, ahora podrán bajar a correr por los largos andenes de esta estación.

                                                                    Ledesma


                                                            Calilegua

                                                                     Caimancito

                                                                    Yuto

                                                                      Urundel


                                                                Saucelito

                                                                         Pichanal

Como la dicha es corta, la aventura en esta estación dura poco y nuevamente el tren se pone en marca, ahora rumbo a la gran frontera norte, dirigiéndose al maravilloso río Bermejo, que por ese tiempo de lluvias está bastante crecido y la admiración por ese poderoso y traicionero río, es de todo el pasaje. La formación ferroviaria, con sus sonidos clásicos, cruza lentamente el inmenso puente del río que alguna vez separó el norte del departamento San Martín con el resto de la provincia y que solo se lo superaba con botes o chalanas cuyo embarque de pasajeros y mercaderías darían lugar al nacimiento de la ciudad de Embarcación.



                                      Río Bermejo y estacion Embarcación

Por aquella época, el monte cubría gran parte del trayecto hasta la frontera con Bolivia, no había casi sembradíos, la gran actividad estaba representada por la forestal. Cuando el tren cruzó la estación Campichuelo pudieron observar por las ventanillas, las hileras de troncos que esperaban ser cargados en los trenes de cargas.

Otra sorpresa les esperaba en este viaje, después de haber dejado atrás la estacion de Senda Hachada y siendo la hora de la merienda, a María le llamo la atención que de repente empezara a oscurecerse la tarde; raro para la hora y la época, ya que hasta hace unos momentos brillaba el sol. El tren frena en medio de la nada o mejor dicho en medio de un tupido monte, - que ocurre es la exclamación del paisaje.

- Mamá que es ese sonido, dice Tomas.

Previendo una desgracia algunos hombres bajan de la formación, para volver a subir presurosamente moviendo sus brazos como aspas; no era otra cosa que una gigantesca manga de langostas conocida como "tacuras", que cruzaban esa parte del camino, haciendo casi imposible la visión del conductor, que tuvo que detener la locomotora, hasta que este fenómeno de la naturaleza hubiera pasado, algo así pero con otra clase de animales, como los búfalos de la pradera norteamericana que obligaban a detener los trenes en el siglo XIX en el Lejano Oeste hasta que millares de ellos cruzan por las vías.

Los chicos y casi todo en el vagón y también en los otros coches, debieron cerrar todas las ventanillas, pero a pesar de ello, ciento de langostas se colaron en el tren, tuvo que pasar un rato largo hasta que a poco a poco se fuera aclarando el cielo y la manga cruzara la linea férrea y después de haber expulsada las intrusas y de sacar todas las que pudieron matar con todas clases de objetos y de arrojarlas por las ventanillas, quedando un extraño olor que poco a poco se fue disipando con el aire de la tarde que caía lentamente.

                                                      Campichuelo


                                                         Senda Hachada


                                                         General Ballivian

                                                              Coronel Cornejo


                                              General Mosconi (ex estacion Vespucio)

Pero no todo el viaje fue placentero e iba a terminar mal para Facundo, porque cerca de General Mosconi y con las primeras estrellas en el firmamento y como hacen los chicos en general, que sacan sus cabecitas por las ventanillas para que el viento jugara con sus cabellos y en esos momentos un pequeño insecto se introdujo en uno de los ojos del niños, que con los últimos kilómetros de viaje le fue imposible ver ni interesarse en nada, hasta que ya en Tartagal le pudieron sacar el pequeño bichito que tuvo la osadía de viajar en el ojito de Facundo, ni aún cuando Tomás preguntaba como se llamaban esas  plantas que cubrían toda la visión desde el tren, estaba preguntando sobre "los tártagos", de quién tomaría la ciudad de Tartagal, que cuando se realizó este viaje se llamaba MANUELA PEDRAZA.


                                                           Estación Tartagal

Del libro HISTORIA SOBRE RIELES - Editado en abril de 2018 de mi autoria.



 

EL PERRITO DEL PARQUE

Cuento del próximo libro HISTORIA SOBRE RIELES 2

Todos aquellos que viven en la ciudad de Salta alguna vez deben haber visto a la estatua del perro. Una simpática escultura pintada de blanco que se encuentra en el Parque San Martín más precisamente en la esquina de avenida San Martín y la calle Catamarca.

No siempre estuvo en ese lugar ya que fue trasladado en varias oportunidades de lugar, una de ella en avenida Hipólito Yrigoyen y San Martín donde hoy se levanta el monumento al poeta salteño Manuel J Castilla.


Se conoce por una fotografía que data de 1913 que este pequeño monumento que se encontraba en la puerta de ingreso al antiguo Zoológico de la ciudad de Salta que fuera inaugurado en 1905 y reemplazado por un Jardín Botánico y un parque infantil en 1933.



Cuando en 1901 asumió la intendencia de la ciudad de Salta don Ángel Abel Zerda, una de sus primeras preocupaciones fue el saneamiento de zonas bajas e inundables de la ciudad y la creación de un espacio verde con lo que nacería el Parque San Martín, que tendría un espejo de agua (hoy lago Mar del Plata), varias plazas en homenaje a las colectividades extranjeras, como las plazas Francia e Italia y además un parque Zoológico con animales autóctonos de la zona.

Pero no hay documentación del autor de la estatua del perrito, ni porque se eligió este animalito, por lo tanto, vamos a crear una historia ficticia para tapar este “vacío” en la historia de nuestro extinto Zoológico de Salta del que solo quedan dos vestigios, “el perrito” y un arco de piedra en el actual anfiteatro del Parque Incaico de la plazoleta Cuzco cuya manzana comparte actualmente con el Complejo Teleférico.

A comienzos del siglo XX don Ángel Zerda gracias a sus contactos en Europa conoce al arquitecto y diseñador alemán Gustav Hasse, quien colaboró en las modificaciones realizadas en el zoológico de Berlín a fines del siglo XIX, de esta manera es que Hasse se compromete a colaborar y diseñar el futuro Zoológico de Salta.

En 1902 el arquitecto alemán arriba a la ciudad de Buenos Aires en el paquebote alemán Bremen, y de inmediato tras contactarse a través del consulado alemán con las autoridades salteñas se pone en campaña de trasladarse a la ciudad de Salta por medios ferroviarios.

Puede ser que estando en Buenos Aires empezara a pergeñarse el personaje motivo de este relato, fue cuando al salir del hotel donde estaba hospedado, un perrito estaba en medio de la vereda como esperándolo a él frente la puerta de entrada, sentado sobre sus patas traseras.

Quizás no le prestó mucha atención ya que era común ver perros vagabundos en el centro de las ciudades y este no sería la excepción. Días después llegaba a la estación Retiro del FC Central Norte y tampoco le llamo la atención, salvo que parecía el mismo, que en el andén y cuando ya estaba instalado en el camarote lo viera desde la ventanilla a ese perrito con el mismo color blancuzco y como una pose similar a la vista días pasados y que parecía que lo estuviera despidiendo.

Pero este suceso no acabaría acá, ya que al llegar a la ciudad de Córdoba y debido a una larga hora de estancia en la estación de Alta Córdoba, decidiera estirar las piernas y salir a caminar sin alejarse mucho de la estación, fue cuando en la vereda del frente, donde se ubicaban varios hoteles le pareció ver por un momento al mismo perrito que viera en Buenos Aires, pensando que sería una tontería que fuera el mismo, aunque cuando cruzó la avenida para observarlo mejor, este había desaparecido.

                                                     ESTACION ALTA CORDOBA

Tras el largo trayecto que duraba por ese entones casi cuatro días, llegó a la ciudad de Salta, allí lo esperaban funcionarios del Municipio que en un coche de plaza lo trasladaron al centro de la ciudad desde la estación local.

Fue alojado en el llamado Plaza Hotel, frente plaza 9 de Julio en el primer piso con un balcón sobre calle España. Como por lo general hacen todas las personas, es de asomarse al balcón para ver la vista panorámica y fue cuando sobre uno de los canteros de la plaza vio o creyó ver al perrito, se dijo: es que estoy obsesionado o mi vista me juega una mala pasada. Ingreso a la habitación y desplegó una serie de papeles con los proyectos y las solicitudes que le hiciera en intendente Zerda sobre el zoológico que incluía una escultura de un animal, sin especificar de qué especie.


                                                                     PLAZA HOTEL

Se puso a analizar esa noche previa a la reunión cual sería el animal elegido, pensó primero en una llama o guanaco, pero lo desecho, luego un avestruz o alguna ave palmípeda, pero tampoco le gustó la idea, sería mejor un cóndor, por su majestuosidad además de ser un animal de la región, un cóndor sería entonces.

Antes de llegar al Cabildo, que por ese entonces era el lugar donde funcionaba la Intendencia Municipal, tuvo que cruzar la plaza, allí se paró a contemplar la Pirámide de Mayo, por supuesto muy distinta a la de Buenos Aires y que luego sería demolida para construirse en su lugar el monumento al General Juan Antonio Álvarez de  Arenales; y mientras veía esta construcción a su lado y sentado sobre sus cuartos traseros había un perro de totalidad blancuzca, de los tantos que vagabundeaban por la plaza, pero este lo miraba con una carita que no denotaba ni tristeza ni alegría, ni amenaza ni simpatía, solo lo miraba a él, se levantó dio media vuelta y se alejó hacia la Iglesia de los Jesuitas y allí desapareció.


                                                                     LA PLAZA EN 1913

Ya en la reunión con las autoridades municipales y explicando su proyecto, cuando se le preguntó que animal le parecía que podía estar a la entrada del zoológico, solo una imagen se le vino a la mente y les dijo: UN PERRITO BLANCO SENTADO SOBRE SUS PATAS TRASERAS.


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