sábado, 22 de mayo de 2021

ALPATACAL, UNA IRONÍA DEL DESTINO 

Cuento basado en la tragedia ferroviaria en Alpatacal (San Luis)

En una señorial casa del barrio Lastarría, al sur del río Mapocho, en la ciudad de Santiago de Chile, todo es alegría, porque en el seno de la familia Ramos Mejía, ha llegado el primogénito en la madrugada de aquel mes de abril de 1905, ha nacido Francisco Agustín y como su padre, su abuelo y otros antepasados su destino está fijado, será entonces otro militar de carrera.

En otro lugar, más precisamente en el barrio de Barracas de la ciudad de Buenos Aires, en una humilde vivienda de la calle Lavarden, ha nacido Maurice Forest Quintanilla, hijo de un marinero francés y de María Quintanilla oriunda del sur chileno, pero que hace algunos años vive en la capital de la república Argentina; pero acá no hay alegría, más bien preocupación, porque el padre no ha regresado al puerto de Buenos Aires desde su último viaje y María inmersa en una situación de pobreza y precaria salud, piensa: - que será de su pequeño hijo, estará destinado a ser marinero como su padre o tal vez ferroviario, ya que cerca de su casa y a solo dos cuadras de ella en los terrenos colindantes se está construyendo la futura estación Buenos Aires del entones FC Provincial Buenos Aires y que será inaugurada cuando Maurice tenga seis añitos de vida.

Cumplido los primeros años de vida, Francisco Agustín, es educado en el colegio San Ignacio, uno de los más antiguo y prestigioso de la capital chilena, que pertenece a la Orden de los Jesuitas, que fuera fundado en 1856, y allí continuará sus estudios hasta terminar, primero la educación básica y luego la secundaria.

Maurice, no tendrá esa suerte, su padre no regresó y nunca más se supo de él; su madre ocupándose de los servicios domésticos, no pudo mandar a su niño a la escuela y éste se formará en la "escuela de la calle", en aquel Buenos Aires del Centenario de la Revolucion de Mayo.


 Mientras transcurre la adolescencia de ambos, las armas truenan en Europa y los países se desgarran en la Gran Guerra, que más adelante pasará a la historia como la Primera Guerra Mundial. Para Francisco estas noticias las conocerá porque son comentadas en el seno de su hogar, se hace costumbre que su padre y tíos, excepto su abuelo, que ha fallecido hace algunos años, como buenos militares que son, sigan atentamente la evolución de la guerra, aunque las noticias lleguen algo atrasadas a la capital chilena.

Para Maurice, su interés es otro, ahora huérfano tras la repentina muerte de su madre, ha sido recogido por una familia de origen italiano que le brinda techo, comida y también, algo que no tuvo (salvo de su madre) amor. Primeramente le ayudara al "tano" en la verdulería, pero luego buscará su propio horizonte, y lo encontrará en el Ferrocarril, que le da la oportunidad de ingresar como aspirante a maquinista en las hoy casi desaparecidas "vaporeras".

Llega el fina del secundario para Francisco y la Escuela Militar del Libertador Bernardo de O' Higgins le abre sus puertas, comenzará a sus 17 años la carrera militar, la cuál se le fue asignada por su familia antes de nacer. Maurice con un poco menos de 20 años empieza a trabajar como maquinista ayudante, primero el el ramal La Plata - Saladillo, luego Carlos Beguerie - Olavarría y por último en el ramal Avellaneda - La Plata, antes de incorporarse al FC Buenos Aires al Pacifico (quizás por ser de descendencia francesa).

Las armas se han silenciado en Europa, la Gran Guerra ha finalizado, las devastadas naciones europeas necesitan alimentos y allí está la Argentina, para brindarle su apoyo. Las redes ferroviarias necesitan expandirse, los granos de la tierra del interior del país, necesitan ser transportadas a los puertos, es un momento de gran prosperidad para el país y Maurice al incrementarse los trenes de cargas, ha recibido también por su esfuerzo, el título de maquinista en su nueva empresa y sus nuevos destinos está vez será la zona cuyana.

Va culminando en la Argentina, el gobierno radical de Marcelo T. de Alvear, las líneas férreas siguen creciendo en el país, los ferrocarriles británicos y franceses y algunos de capitales nacionales, se encuentran en la época de mayor esplendor, en el norte se ha comenzado la obra que unirá la provincia de Salta con el norte chileno (FC Huaytiquina, hoy ramal C-14); y en Mendoza en 1910 se había inaugurado el llamado "Ferrocarril Trasandino Los Andes-Mendoza". 

El destino iba lentamente acercando a Francisco con Maurice, aunque ellos no lo supieran.

Llega 1927, Francisco es ascendido al grado de teniente y ahora gracias a la influencia de su familia, es instructor en la Escuela Militar que lo formó. A mediado de junio de ese año, llega al despacho del director de la Institución, una invitación del gobierno argentino, para que una delegación de cadetes de la escuela, para concurrir a Buenos Aires y formar parte del desfile del 9 de julio, aniversario d nuestra independencia, juntamente con delegaciones de Uruguay, Paraguay y Brasil.

El día 5 de julio de ese año, dos compañías de cadetes al mando del Coronel José María Barceló Lira, partieron en micros hasta la localidad de Los Andes, cercana a San Felipe, punto terminal del FC Trasandino. El viaje hasta Mendoza fue sin novedad, siendo alojados y agasajados en el Regimiento 16 de Infantería; la primera compañía de cadetes estaba al mando del capitán Guillermo Aldana, y la segunda donde formaba parte Francisco, estaba al mando del capitán Guillermo Rosa.

Maurice había terminado su jornada en la estación Mendoza al conducir una formación desde Rufino y ese mismo día iba a tomar servicio en la estación Justo Daract ubicada en la provincia de San Luis, para volver a Mendoza al día siguiente.

Y llegó el fatídico día 7 de julio, cuando la formación comandada por Maurice Forest, al punto de partir de la estación Alpatacal, donde había hecho una parada el tren, chocó de frente con el tren de pasajeros que conducía a Buenos Aires a la delación chilena, descarrilando en el choque ambas formaciones.


                                                            La estacion en la actualidad

En medio de la fría y oscura noche de invierno, los gritos desgarradores de quienes quedaron aplastados y que luego murieron a causa de voraz incendio que consumió varios vagones de ambos trenes y en las tareas de salvataje en un momento dado Francisco y Maurice, trabajando codo a codo se conocieron fugazmente.

La crónica dice que fallecieron 12 cadetes y 31 resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, además de 16 empleados ferroviarios de ambos trenes, entre ellos uno de los maquinistas, dos inspectores, un foguista y algunos camareros.

A pesar de ello 120 sobrevivientes de ambas compañías desfilaron aquel 9 de julio de 1927 día de nuestra Independencia. En el lugar de la tragedia se colocó una estatua de bronce de casi 4 metros de altura denominada "El dolor ante la fatalidad", del escultor argentino Alberto Lagos y la estación pasó a denominarse desde ese momento CADETES DE CHILE.



            En la actualidad solo queda el pedestal tras el robo y destrucción de la estatua.

Pero que fue de nuestros personajes. Francisco Agustín regresó a Chile y siguió con su carrera y ya con el grado de Mayor en 1938, fue designado como agregado militar en la embajada chilena en Bélgica; y en 1941 como observador extranjero de la ocupación nazi de ese país, mientras visitaba la estacion ferroviaria en el barrio de Forest en la ciudad de Bruselas, pisó una mina falleciendo en el acto.

En 1948, durante la primera presidencia de Perón, fueron nacionalizados los ferrocarriles, Maurice fue pasado a retiro por las nuevas autoridades, y una tarde se arroyo al paso de un convoy ferroviario de la linea del FC Sarmiento en la estación Ramos Mejias.

El destino como una cruel ironía los unió en una tragedia y los relacionó en una triste muerte, donde sus apellidos se entrelazaron.

NOTA: Los personajes son ficticios, no así los nombre de los militares chilenos.

Este cuento forma parte del libro "Historia sobre Rieles" del cuál soy autor.  



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